Quizás seas “introvertida extrovertida”. Los comportamientos que te delatan

El mundo tiende a polarizar: o eres de playa, o de montaña; de dulce, o de salado; de vino tinto, o de blanco; de libro en papel, o ebook; de tortilla de patata con cebolla, o sin ella; de campo, o de ciudad; de trasnochar, o de madrugar; y…

…de carácter introvertido, o extrovertido.

Si lees alguno de los cientos de artículos y estudios psicológicos realizados al respecto, notarás que ambos rasgos se suelen definir en términos absolutos, enfrentados, prácticamente opuestos. O eres introvertida, o extrovertida.

Parece, además, que la etiqueta con la que te identifiques define tu personalidad por completo, lo cual  puede llegar a pesar como una losa (sobre todo para las introvertidas, pues reconozcámoslo, quedarse un sábado en casa acompañada únicamente por Netflix no se considera epítome del cool…).

 

Y aunque la introversión esté viviendo su mejor momento gracias a libros, TED talks, y artículos en los que incluso se asocia a  un mejor desempeño empresarial, no deja de ser una corriente destinada a ensalzar un tipo de personalidad que hasta ahora ha permanecido en la sombra.

¿Pero qué pasa si a estas alturas no sabes qué eres? Porque te consideras (y consideran) sociable, divertida y abierta, pero también necesitas desesperadamente tus momentos de soledad.

 

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Si es tu caso, quizás te tranquilice saber que no es único, y que de hecho, es bastante más común de lo que parece. Es cierto que no hay mucha literatura al respecto, y la que existe se basa en experiencias personales más que en investigaciones, pero cada vez hay más personas que reivindican su condición de “introvertidos extrovertidos”.

Realmente puedes pensar en ello como en la infinita gama de grises que hay entre el blanco y el negro: puedes estar en cualquiera de los puntos que hay entre los dos extremos.

Por esta razón resulta difícil esbozar un perfil completo de la personalidad “introvertida extrovertida”, pero hay una serie de rasgos y comportamientos que se dan con frecuencia. Te los mostramos.

 

Eres una persona “introvertida extrovertida” si…

  • Te sientes más cómoda hablando con una sola persona que con un grupo grande. Se te da bien escuchar, y quizás por eso prefieres la intimidad y la conexión más profunda que se establece en conversaciones uno a uno.
  • Te cuesta responder a mensajes de Facebook y Whatsapp. Lo haces con mucho retraso (o directamente no lo haces). Y no es que estés enfadada. O que odies el mundo. Es que simplemente no te apetece. Demasiado esfuerzo.
  • Si te van a presentar a alguien nuevo, prefieres saberlo de antemano (tu predisposición a socializar requiere cierto grado de preparación mental).
  • Te cuesta salir. Analizas todos los escenarios posibles (¿y si sólo me están invitando por educación? ¿y si no conseguimos entrar en el local? ¿y si llueve? ¿y si viene la ex novia de mi ex novio?), y te da pereza abandonar la comodidad de tu hogar, pero cuando lo haces, te lo acabas pasando genial.
  • A veces te muestras taciturna o poco habladora cuando estás en un grupo, pero si te das cuenta de que alguien está aún más incómodo que tú, haces un esfuerzo por salir de tu cascarón e intentas iniciar una conversación.
  • Siempre, incluso en las situaciones en las que más extrovertida te muestras, por tu cabeza continúan rondando otros pensamientos (casi se podría calificar de mundo paralelo).
  • Te debates entre la necesidad de que se reconozca el trabajo duro que haces y el pánico por ser el centro de atención durante más de 30 segundos.
  • Te pones nerviosa con las conversaciones frívolas, insignificantes o intrascendentes (definitivamente no eres buena compañera de ascensor).
  • Haces un esfuerzo constante por controlar tu parte introvertida. Tienes una lucha interna con esa parte introspectiva y existencial que te invade a veces, sobre todo cuando estás en medio de grandes multitudes.
  • No tienes un grupo de amigos establecido, sino que escoges un par de personas de diferentes grupos.

 

Apostamos a que hay muchísimos rasgos más (al fin y al cabo, la gama de grises es infinita). ¿Cuál has echado en falta? ¡Cuéntanos!

 

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