Los 5 motivos por los que tu “día saludable” acaba en atracón

Empiezas el día motivada. Desayunas un bowl de avena con leche de almendra, semillas, fruta y café, te tomas unos frutos secos con té verde a media mañana, comes salmón a la plancha con ensalada, meriendas una manzana y….cenas un platazo de pasta con queso y una tarrina entera del Cookie Dough de Ben & Jerry´s.

 

 

¿Te suena?

Te contamos los motivos de tu atracón tras un día “perfecto”:

 

La restricción calórica durante el día es demasiado grande

El control excesivo sobre lo que comes puede dar lugar a una insuficiencia en calorías y nutrientes. Al final del día, tu cuerpo emitirá señales instintivas de protesta (en forma de hambre) que se interpondrán en tus buenos propósitos haciéndote perder el control y dando como resultado que acabes duplicando el número de calorías que comerías en condiciones normales.

 

Renuncias a lo que de verdad quieres (y necesitas) comer

Seguramente ya hayas escuchado que los antojos son mensajes que envía el organismo cuando experimenta una carencia. Los antojos no son malos per se, pero hay que saber interpretar su significado y satisfacerlo de la mejor manera posible. Si en lugar de proceder de este modo te dedicas a etiquetar los alimentos de manera categórica como “buenos” o “malos”, y nunca te permites comer estos últimos (aunque tu cuerpo te lo pida a gritos), estarás incrementando la ansiedad, y por tanto, las posibilidades de atracón. Este efecto se ve acentuado cuando los alimentos “malos” se perciben como “prohibidos” y se les atribuye un atractivo y sabor mayor del que en realidad poseen.

 

Eres muy perfeccionista

Ocurre a menudo. Tienes claro qué dieta es la mejor para ti (con macros, menús, suplementación, combinaciones de alimentos, etc) y sigues las directrices a rajatabla…hasta que caes en un pequeño capricho (unas patatas en el bar, o un trocito de tarta en un cumpleaños) y ya lo echas todo por la borda. Al fin y al cabo, como tu día no ha sido “perfecto”, qué más da “terminar de estropearlo” y entregarte al placer de comer. Cuando quieres darte cuenta, has vuelto a sucumbir a un atracón épico. Se trata de una cuestión de mentalidad: ves las cosas blancas o negras. Y entre la dieta perfecta y el descontrol absoluto no contemplas el término medio.

 

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Tienes que enfrentarte a alguna tarea o gestión desagradable

Puede que sea el motivo más difícil de identificar, porque se hace de manera inconsciente. Ocurre cuando comes no porque tengas hambre, sino porque estás evitando hacer algo que te incomoda o no te gusta, ya sea estudiar, decir que no a alguien o terminar la declaración de la renta.  (Aunque realmente lo único que consigues es enfrentarte a ello más tarde y con un sentimiento de culpa equiparable a la ingesta de calorías que acabas de hacer).

 

La comida tiene un componente emocional para ti

Un clásico (sobre todo en mujeres, que tienen más riesgo de ser “comedoras emocionales”).

Es la salida a una gran variedad de estados: estrés, tristeza, soledad, vacío, sentimientos desagradables tras alguna conversación incómoda…

Puede que sea un síntoma de que tienes miedo a tus sentimientos (y los “acallas” con comida), de que percibas la comida como recompensa (te concedes un premio tras un día duro) o de que te genere una sensación de confort.

 

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¿Te identificas con alguno de estas causas? ¿O puede que con varias?

En futuros artículos te mostraremos trucos y técnicas (algunas ciertamente sorprendentes) para evitar los atracones.

Stay tuned!


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